¿Quiénes fueron las víctimas?

La toma y evacuación de Phnom Penh por parte del ejército de Pol Pot suele tomarse como punto de inicio de la política de terror y horror que dominaría y destruiría Camboya durante los próximos cuatro años. Un verdadero “infierno”, como lo han llegado a llamar algunas de sus víctimas[1], en el que se calcula que perdió la vida la cuarta parte de la población del país [2], es decir, de una población de alrededor de ocho millones en 1975, casi dos millones de personas no sobrevivieron al gobierno de los Jemeres Rojos.

Para comprender las medidas que tomaron los jemeres rojos, hay que entender primero quiénes fueron su centro de atención, aquellos contra quienes se dirigía la revolución.

Lógicamente, su principal objetivo en un principio fue la oposición política, es decir, los mandos del ejército republicano de Lon Nol. Un grupo político del que eliminaron al 82,6% de los oficiales, el 66,7% de los policías y el 60% de los funcionarios.[3]
jemeres-rojos-1

En segundo lugar, los que llamaban “los intelectuales”. Dentro de esta categoría, que podríamos denominar social, se encontraban la mayoría de habitantes de las ciudades, es decir, profesionales liberales, licenciados, cualquiera que hablase francés o inglés, que supiese leer, que hubiese sido funcionario e incluso que vistiese gafas[4]; como vemos, todo aquel que no fuese campesino o analfabeto (como lo era la inmensa mayoría de la población del campo). Estos formarían el llamado pueblo nuevo o pueblo del 17 de abril, el contaminado por el demonio occidental, un estigma con el que lidiarían día a día. “Donde está el pueblo del 17 de abril no es posible desarrollo alguno[5] rezaba una consigna.

Así muchos de ellos, sobre todo al principio, recibieron la muerte de forma casi instantánea, pues para los jemeres rojos no había esperanza alguna de reeducación en aquel grupo y, por tanto, eran indignos de continuar con vida. No obstante, la inmensa mayoría fue condenado al trabajo forzado, a la deportación continua y a la violencia permanente, por lo que, en definitiva, también a la muerte. Un 51,5% de los licenciados desaparecieron. Es significativa la desaparición de los médicos, de 450 que había en 1975, cuatro años después, solo quedaban 48 con vida[6].

La tercera categoría son los grupos religiosos. De un total de 60.000 monjes budistas, sobrevivieron 1.000; los musulmanes cham sufrieron un 33,7% de muertes y los católicos, perdieron un 48,6%.

Además, hubo minorías que también sufrieron el acoso y la persecución de los jemeres. Es el caso de los chinos, que sufrieron un 38,4% de desapariciones; los vietnamitas un 37,5% y los jemeres loeu, población que vivía en las montañas al noreste del país, sufrió la muerte de entre el 5 y 6% de su gente. [7]

Como podemos observar, el asesinato de estas capas de la sociedad responde a la idea de los dirigentes de Angkar de “eliminar las tres montañas: el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo reaccionario”.[8]

Peter Alan Lloyd

Por último, habrá que sumar todas aquellas víctimas del trabajado agotador, de las condiciones insalubres a las que se vieron expuestas, las que murieron debido a la falta de atención médica y de medicamentos, de inanición, por los golpes recibidos e, incluso, de pena, de soledad, de depresión.

Marisa López

@sisulopez

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[1] AFFONÇO, Denise. El infierno de los jemeres rojos. Testimonio de una superviviente. Barcelona: Editorial Libros del Asteroide, 2012

[2] Aunque las cifras varían. En la obra de Bruneteau ya citada, el historiador recoge diferentes estimaciones: 1.500.000 (Ben Kiernan); 1.700.000 (D. Chandler); 1.800.000 (Sliwinski) y 2.200.000 (Heuveline), lo que supone una tasa de desaparición de entre el 20 y el 29,5 % de los de alrededor de 7.500.000 millones de camboyanos en 1975.

[3] BRUNETEAU, Bernard. El siglo de los genocidios, Alianza Editorial, Madrid, 2009, pág 249

[4] CHANDLER, D. op.cit.

[5] LOCARD. Henry. Pol Pot’s Little Red Book. The Saying of Angkar. Washington D.C.: University Press, 1996

[6] BRUNETEAU, Bernard, op.cit. pág.259

[7] Ibídem

[8] Ibídem

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